El sicariato en Mocolí Golf Club estremeció a Ecuador luego de que cámaras de seguridad registraran con claridad el momento en que un grupo de sicarios armados irrumpió en una cancha de fútbol y ejecutó a tres hombres, entre ellos alias “El Marino”, en la exclusiva urbanización ubicada en Samborondón.
La noche del 7 de enero de 2026, al menos cinco sujetos vestidos con ropa táctica similar a la policial o militar ingresaron directamente al complejo residencial. Portaban fusiles de alto poder y actuaron con una coordinación precisa que evidenció planificación previa.
Ataque directo y control total del lugar
Los sicarios entraron a la cancha mientras se desarrollaba un partido de fútbol, sometieron a los jugadores y los obligaron a tirarse al suelo. Con linternas, iluminaron los rostros uno por uno hasta identificar a sus objetivos.
En cuestión de segundos, abrieron fuego de forma selectiva y asesinaron a tres hombres, entre ellos Stalin Rolando Olivero Vargas, alias “El Marino”, señalado por las autoridades como líder de una estructura criminal. Junto a él murieron Jefferson Sanlon Olivero y Richard Josué Mina Vergara.
Todo el ataque duró menos de tres minutos.
Huida y evidencia balística
Tras cometer las ejecuciones, los agresores neutralizaron a los guardias de seguridad, dañaron parte del sistema de videovigilancia y huyeron del lugar sin enfrentar resistencia. En la escena, los peritos recogieron cerca de 50 casquillos, la mayoría correspondientes a armas largas.
Las imágenes muestran que los sicarios conocían la distribución del lugar, lo que refuerza la hipótesis de un ataque dirigido y planeado con antelación.
Posible móvil: ajuste de cuentas criminal
Las investigaciones policiales apuntan directamente a alias “El Marino” como objetivo principal del ataque. Reportes preliminares indican que el cabecilla habría intentado cambiar de organización criminal, lo que habría desatado un ajuste de cuentas entre estructuras delictivas rivales.
Los otros dos hombres asesinados también registraban antecedentes penales, lo que refuerza la línea investigativa relacionada con el crimen organizado.
Reacción oficial y alarma ciudadana
La Policía Nacional y la Fiscalía activaron operativos especiales, revisan grabaciones adicionales y recopilan testimonios para identificar a los responsables materiales e intelectuales del ataque.
El crimen generó alarma entre residentes de urbanizaciones privadas, quienes observan con preocupación cómo la violencia organizada irrumpe incluso en espacios considerados seguros. El uso de indumentaria similar a la oficial encendió alertas adicionales sobre la suplantación de autoridad por parte de grupos criminales.
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